El Pesebre Chileno su Historia

La historia del pesebre:

Una historia de 2 mil años en Chile

La costumbre de representar el nacimiento de Jesús con figuras, traída desde Europa por las misiones cristianas que llegaron a América durante la Conquista, se ha arraigado en los corazones de los artesanos chilenos por varias generaciones. Hoy el mercado y el consumo hacen que el pesebre no sólo sea una instancia para recordar esta historia ocurrida hace dos mil años, sino que también, una alternativa económica. Esto no impide que cada artesano trabaje con cariño. Cada figura es realizada con la rapidez que da la experiencia y con la dedicación y paciencia que

una pieza hecha a mano exige.
 

Fue San Francisco de Asís quien instituyó esta manera de hacer visible el nacimiento de Jesús. En 1223, en Greccio, el Santo llevó a cabo una representación en vivo del nacimiento de Jesús. Desde ese entonces, este hecho se transformó en costumbre dentro de la Orden Franciscana y luego en la Orden de Santa Clara (Monjas Clarisas), hasta extenderse al mundo cristiano en Europa. Las misiones cristianas que llegaron a América introdujeron esta costumbre durante la Conquista. Específicamente, hacia el siglo XVII en Chile se situaría el inicio del desarrollo de esta temática introducida por las órdenes religiosas que vieron en los pesebres un medio de evangelización efectivo.

 

Desde ese tiempo las religiosas de todos los conventos se preparaban con muchos días de anticipación para hacer el nacimiento, con la colaboración de toda la comunidad. Así mismo, los sacerdotes, las iglesias y sus feligreses formaban un equipo que trabajaba varios días para construir el pesebre que sería puesto frente al altar.

En un principio, los primeros pesebres realizados en Chile obedecían a las pautas dictadas desde Europa. Entre las reglas se cuenta la preparación de una tarima o mesa en proporción a la cantidad de personajes del pesebre, el lugar donde se instalará la gruta o choza, dónde irían los personajes etc. Sobre ella, con diversos materiales (tierra, arena, ripio entre otros) se debía representar la geografía con sus volúmenes. Para realzarlos se debían usar trozos de arpillera encolada, cubiertos con aserrín natural, una parte era pintada con anilina verde para imitar el pasto.

Las figuras de la Virgen, San José y el niño se podían confeccionar por las mismas familias o se podían comprar en las santerías. Dentro de los animales se consignaban: un burrito, un buey, ovejas, gallos, gallinas y patos. También se incluían las figuras de los pastores y de los reyes magos: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Luego, esto fue cambiando de acuerdo al paisaje y a las costumbres chilenas. Se incluyeron elementos como el trigo dispuesto en fuentes de greda con tierra mojada (como símbolo de abundancia), canastos de mimbre con regalos como ciruelas secas, avellanas castañas, nueces, almendras, piñones y frutas de la nueva estación.

Cerca del Niño se comenzó a poner juguetes tradicionales como trompos, emboques, caballitos de madera, matracas, palitroques, carretillas, zancos y runrunes. De alguna rama cercana, dispuesta para asemejar el paisaje, a veces se colgaba ropita del niño en pequeña escala. De la misma manera, se colgaban chupallas y sombreritos.

A comienzos del siglo XIX en todas las iglesias, parroquias y las casas de familias acomodadas se hacía un pesebre. En estas últimas se abrían las puertas al barrio para que los vecinos pudieran adorar al Niño Jesús.

Los niños y los adultos pasaban frente al pesebre dejando regalos, para así imitar a los Reyes Magos. Las ofrendas podían ser tortillas de rescoldo, huevos duros y otros manjares. Con el tiempo se agregaron personajes populares como viejitas tomando mate, animales de la fauna y el campo chileno hechos en figuras de arcilla de Talagante, Quinchamali o Pomaire. El ambiente se completaba con carretas cargadas con fardos de paja o leña, y copihues y banderas chilenas colgando de las ramas.

El disfrute del pesebre concitaba a la gente hacia otras manifestaciones populares como el canto de los villancicos (costumbre traída desde España) o el canto a lo divino. Dentro de este contexto, no podía faltar la Misa de Gallo, la que se efectuaba a las 12 de la noche, el 24 de diciembre. Así se configuró una verdadera fiesta religiosa que se arraigó en las tradiciones chilenas.

 

Artesanía con cariño

Desde hace siglos los artesanos chilenos hicieron suya la tradición de elaborar pesebres. Hoy, son muchas las técnicas utilizadas para confeccionarlos, así como diversos los resultados, pues en cada uno queda la impronta del artífice. Cada figura es realizada con cariño, con la rapidez que da la experiencia y con la dedicación y paciencia que una pieza hecha a mano exige.

 

Tal vez, es el hecho de que el rey convertido en un niño, nazca en un pesebre, en medio de la pobreza, lo que inclina a los artesanos a representar todavía este hecho, con materiales nobles y carentes de opulencia, así como un día lo hizo San Francisco. Las manos en contacto con el material, se asemejan a la piel del Niño Dios en contacto con los pañales y la paja, en ausencia de la cuna de oro.


Hoy, el mercado y el consumo hacen que el pesebre no sólo sea una instancia para recordar esta historia ocurrida hace dos mil años, sino que también, una alternativa económica para sobrevivir a la competenncia durante diciembre. Esto no impide que cada artesano trabaje con amor. Se trata de personas que tienen especial interés por representar el divino nacimiento, muchos llevan arraigada esta costumbre en sus corazones por varias generaciones. Para los artesanos el Niño Dios debe quedar adorable, la Virgen pura y hermosa, José respetable y bondadoso, los reyes magos elegantes y humildes. El resultado son figuras con rasgos ingenuos y tiernos. Se trata de hacer tangible la historia de amor, utilizando la técnica de manera perfecta, con pleno dominio de los materiales seleccionados, como la greda roja de Pilén, el crin de caballo de Rari (al interior de Linares), los bordados elaborados en diversos lugares de la Región Metropolitana, la cerámica policromada de Talagante y la cerámica negra de Quinchamalí, entre otras manifestaciones de la artesanía chilena.

 

Fuentes:
- Catálogo de la XXVII Muestra Internacional de Artesanía Tradicional, Parque Bustamante. Noviembre de 2000.

- Navidad en Grecio, la primera representación del pesebre de navidad, por el Pbro. Andrés Vidal, Colegio Romano del IVE, Ponzano Romano, Italia, 8 de Diciembre de 1998.
http://apologetica.org/greccio.htm